• Sandra Barral

La búsqueda



En estos últimos días he estado reflexionando sobre el hecho de buscar, entendido como un ejercicio existencial.

La búsqueda puede ser un proceso agotador, frustrante, insoportable. O no. Puede resultar reveladora, apasionante y enriquecedora. Supongo que todo depende de cuánto se obsesione uno con el resultado. Es importante aprender a disfrutar de la búsqueda en sí misma, del camino, del paisaje. Es crucial amar la experiencia cotidiana.

A veces en el proceso de búsqueda nos transformamos hasta tal punto, que aquello que queríamos en un comienzo ya no encaja con lo que somos en el momento presente. Tampoco es de extrañar que encuentres durante el descanso, cuando decidiste hacer un alto porque te viste cansado o perdido. Hay que saber darnos respiro y entrenar la atención.

A veces encuentras, otras no. Puede que te sorprendas encontrando algo que no se te había ocurrido buscar, o algo que no querías, pero que te llegó como anillo al dedo. Hay que saber interpretar la realidad. Todo pasa por y para algo.

¿Qué hacer si no encuentro? Pues revisar cómo busco. Y no menos importante es reflexionar sobre dónde busco. Hay que saber auto-observarse.


Dicen que todas las respuestas están dentro de nosotros. Cuando encuentras adentro, inevitablemente el “afuera” se revela diferente.

Dicen que el que busca encuentra. Una máxima que abraza la persistencia como clave, si bien no creo que se trate de persistir obstinadamente. Los exploradores, los científicos, los aventureros, los pensadores son eternos buscadores, a ellos les caracteriza la curiosidad, la capacidad para poner todo en duda y de hacer evaluaciones desde distintos ángulos. Y, obviamente, un empeño apasionado.

Está claro que el empeño solo no sirve. Si no hay pasión la búsqueda acaba siendo una tortura, una tarea desesperante.

La búsqueda ha de tener un sentido, pero uno honesto. Debe vivirse desde el corazón. Porque en la mente es fácil perderse perdemos, sobre todo de nosotros mismos.


Todos esperamos algo, todos tenemos sueños, deseos, metas. Pero quien espera o sueña es pasivo. El que busca, en cambio, actúa, corre riegos, se cae y se levanta para seguir buscando.

Algunos nacen para vivir en la orilla preguntándose qué habrá más allá de horizonte; o quizás sin siquiera preguntárselo. Otros viven para lanzarse al agua, una y otra vez.

En el mejor de los casos puede que encuentren algún paraíso perdido. Y sí, en el peor te puedes ahogar. Todos nos vamos a morir de cualquier forma, pero mientras eso no sucede, qué hacemos con el tiempo.


Buscar. Por qué no.

Dime qué buscas y te diré quién eres.



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