• Sandra Barral

O bella, ciao




Covid-19 al margen, jamás pensé que podría haber algo más contagioso que “Despacito”, pero me equivoqué. Esta madrugada me desperté cantando mentalmente O bella, ciao! Bella, ciao! Bella, ciao, ciao, ciao! y sé que me costará dejar de oírla, porque una vez que arranca tiene efecto de disco rayado.

Así que como ya estaba despierta con el otrora himno de la resistencia antifascista en la cabeza, me puse a reflexionar sobre el hecho de resistir.

RESISTIR

Verbo transitivo:

1) Recibir (una cosa) algo que ejerce fuerza o presión sobre ella, sin moverse, ni sufrir daño o alteración.

“Podía resistir más días encerrada sola en casa sin volverse loca.”

2) Sufrir un padecimiento físico o moral, o a una persona que lo causa, sin dejarse vencer por él y, a menudo, sin quejarse o tratar de evitarlo.

“Los músculos de sus piernas se debilitaban con cada día que pasaba sin caminar, pero ella resistía con valor viviendo de la silla al sofá y de allí a la cama”.

Pensando en el número de fallecidos en Alemania, o dicho de otra forma, en el índice de mortalidad por Covid-19 que asoma la tierra germana, me pregunto qué saben o hacen ellos que no se sabe o se hace en España. Me llama poderosamente la atención que los alemanes, teniendo libertad para salir a la calle (mientras mantengan dos metros de distancia y las medidas de higiene) reporten tan pocas muertes. ¿Están haciendo trampas con los números? ¿O es que ellos sí resisten al virus, mientras que en España la “resistencia” tiene que ver con otra cosa?

Entonces empecé a enfadarme. Todos somos víctimas de la situación, pero hay algunos que son más víctimas que otros. Y no voy a poner ejemplos como el de Singapur, que da aún más envidia porque han seguido funcionando casi al 75%, con escasos contagios y muertes que se cuentan con los dedos de una mano. Me quedo en los límites de Europa, por aquello de que somos una gran familia en el mundo occidental.

¿Porque los alemanes pueden salir a hacer ejercicio y nosotros no? ¿Cuál es el riesgo de salir a correr sin tener contacto con humanos? ¿Por qué no puedo ir a nadar a la playa? Sola, por supuesto. Tengo algunas hipótesis, pero me las reservo hasta tener más datos. Es decir, hasta ver si los alemanes terminan resistiendo igual de bien.

Stamattina mi sono alzato O bella, ciao! Bella, ciao! Bella, ciao, ciao, ciao! Stamattina mi sono alzato E ho trovato l'invasor

Como era de esperarse, me levanté con la cancioncita en la cabeza. Mientras desayunaba, mirando la imperdonable provocación del día soleado, una amiga me comentó por WhatsApp que decidió disfrutar de la primavera en el balcón, en pelotas. “Algo de libertad he de tener, ¿no?"

Yo la animo. Termino las tortitas de avena y banana y me voy a la ventana para respirar un poco de aire. Observo a los vecinos haciendo lo propio. Jamás había visto a tanta gente en los balcones, limpiado vidrios, pintando los barrotes, besándose en los balcones, haciendo ejercicio en los balcones, cantando en los balcones, aplaudiendo en los balcones, haciendo nada en los balcones. Yo no tengo balcón. Pero da igual, eso no me molesta. Yo resisto.

O bella, ciao! Bella, ciao! Bella, ciao, ciao, ciao!

Por cierto, no deja de ser curioso el fenómeno que ha resucitado a esta canción popular; una serie de televisión en la que no se sabe quiénes son los malos y quiénes los buenos, o lo sabes, pero te confundes. Los atracadores son malos, los polis son buenos, siempre ha sido así, pero qué pasa en “La casa de papel” que acabas queriendo que ganen los atracadores.


Puede que en algún momento uno dude sobre quiénes son los verdaderos ladrones. O puede que acabes pensando que el fin justifica los medios, que ciertos motivos admiten acciones al margen de las reglas. Te traiciona la empatía. Los atracadores de la fenomenal serie de Netflix se definen a sí mismos como “la resistencia”, y de pronto los quieres, te caen bien y cruzas los dedos para que se lleven todo el dinero y también todo el oro, y vivan felices en el resto de su vida en algún lugar paradisíaco, haciendo nada, al margen de la ley, pero sobre todo, al margen de un sistema que consideras injusto. ¡Quién no quiere eso!

¿El programa ha puesto en evidencia la fantasía colectiva de venganza? ¿Llevamos en el fondo un atracador latente? ¿Incluso un asesino? ¿Estamos realmente tan hartos de todo que vemos a los malos como buenos? ¿Hay acaso buenos? Lo que me queda claro es que no vamos a cambiar nada viviendo nuestras frustraciones y sueños a través de la pantalla. Mucho menos atracando, aunque haya más de una institución que se lo merezca.

Al igual que el índice de mortalidad por Covid-19 en Alemania, no deja de sorprenderme que el éxito desbordado de “La casa de papel” comenzara una vez la serie traspasó fronteras. Sin duda se trata de un fenómeno sociológico muy interesante, que da para mucho debate. Pero hoy no voy más allá de estas líneas.

Por lo pronto, seguiré resistiendo mis ganas de salir a correr, aún cuando pienso que la prohibición de hacer ejercicio al aire libre en solitario bien merece ponerse la máscara de Dalí y soltar unas cuantas ráfagas de Uzi.

O bella, ciao! Bella, ciao! Bella, ciao, ciao, ciao!

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​© 2020 by Sandra Barral