• Sandra Barral

La compra




Mi compañera de aventuras caribeñas me cuenta complacida que ha descubierto que puede pedir la compra a domicilio en Leroy. Yo le digo que prefiero correr el riesgo.

A veces, en situaciones extremas, me vuelvo temeraria. De modo que decidí salir.

Y una vez afuera me sentí protagonizando una película. Yo no era yo. Y el mundo no era el mismo de hacía 15 días. Había algo escalofriante en la realidad que estaba presenciando. Algo surrealista y a la vez poético.

“Plutón está haciendo bien su trabajo” -pensó. Porque alcanzó a percibir mucho miedo en las pocas personas que caminaban por la calle, con mascarillas y guantes, procurando estar lo más distantes posible unas de otras por temor a contagiarse. El señor del inframundo ha sembrado el pánico en el planeta entero y ahora la humanidad lucha desesperadamente por su supervivencia. ¿Qué va a pasar con los abrazos? ¿Qué será de la cercanía y de las fiestas? ¿Qué va a pasar con los gritos al unísono? Imaginó por un momento un mundo sin protestas, sin masas reclamando derechos, víctima de la versión más maquiavélica del “divide y vencerás”.

“Es el plan perfecto, nos han jodido” – pensó.

Totalmente desprotegida, atravesando una calle vacía, de pronto se sintió inundada de una desquiciada alegría. Fue consciente de su respiración, de su cuerpo moviéndose. Sonrió. Y entonces sonó la voz de Louis Armstrong. Sí, la canción ideal para la escena en la que la protagonista camina hacia el supermercado después de no recordar cuántos días llevaba encerrada sola en su bunker.

I see trees of green, red roses too I see them bloom for me and you And I think to myself what a wonderful world.

I see skies of blue and clouds of white The bright blessed day, the dark sacred night And I think to myself what a wonderful world.

Se llena los pulmones de aire y celebra ese instante del presente sin perder la esperanza de un futuro en libertad. Quiere creer que lo que está pasando tiene un sentido y que hay una salida, aunque sabe que lo peor no ha llegado todavía.

La brisa la despeina, el sol la acaricia, los árboles presumen de la primavera y ella se jura a sí misma que cuando todo termine no volverá a cometer los mismos errores del pasado. Baila tímidamente mientras espera en la cola para entrar en el súper, y finalmente logra hacerse de bananas, mandarinas, kiwis, fresas, melocotones en almíbar, algo de carne, tomates y un brócoli.

Vuelve a su escondite satisfecha. Pero entonces la canción es otra. Se ha hecho con un botín de frutas y regresa al ritmo de “One way or another”

One way or another, I'm gonna find ya I'm gonna get ya, get ya, get ya, get ya One way or another, I'm gonna win ya

Entra en casa. Tira la compra sobre la mesa con la actitud de quién ha vencido. Al menos una batalla.

Y se pone a bailar.


"Cuando ya no podemos cambiar una situación,

tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos."

Viktor Frankl

“El hombre en busca de sentido”

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​© 2020 by Sandra Barral