Fue hace unos años, un primero de enero cálido y soleado

que invitaba a estrenar la agenda con entusiasmo.

Explorando las calles desiertas de Palma con ojos hambrientos,

encontré estos curiosos zapatos colgados del tendido eléctrico. 

En las suelas se leía "Amor" y "Arte". 

Entre tantas imágenes que me ha dejado el ejercicio

de uno de mis hobbies, el gesto de estos zapatos es especial,

se me antoja una suerte de mensaje existencial,

casi una señal para no perderse. 

Disfrutar de la vida es un arte, y sólo es posible

si el amor es la energía que impulsa cada uno de nuestros pasos.  

 

En el recorrido hacia nuestras metas a veces nos sentimos cansados, desorientados, tropezamos con frecuencia y debemos levantarnos. Irónicamente, no debería importarnos tanto lograr objetivos,

sino cómo vivimos el camino. La satisfacción que nos llevamos

al final de los días está en el viaje en sí mismo.

Y ese viaje sólo tiene sentido

si lo hacemos con nuestros zapatos,

cultivando en el andar un sano amor propio 

y la generosidad que espontáneamente deriva de él.

Siendo de esa forma, lo más probable es que el tiempo

nos sorprenda felizmente distraídos,

ocupados creando nuestra particular obra maestra, 

celebrando esa fantástica aventura llamada vida.

Entonces, habremos llegado a nuestro destino.

Prefacio

La vida es una historia que escribimos día a día. Somos protagonistas de nuestro propio guión. 

 

Mi trabajo es hacerlo lo mejor posible.

Si quieres contactarme ya sabes qué hacer.

​© 2020 by Sandra Barral